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¿Los bebés realmente juegan?

“En términos de Winnicot, parafraseándolo podríamos decir que es jugando como el niño se hace niño, y no solo porque jugar es lo propio de la infancia, sino porque jugando aprende a crear, y eso lo hace humano.” (López, s/f)



Cuando hablamos de jugar solemos imaginar actividades complejas, con mucho movimiento y con distintos objetos: juegos con disfraces, con muñecos, con autos, con pelotas, juegos de construcción y con gran despliegue de la imaginación por parte de l@s más pequeñ@s.


Creemos que por eso muchas veces nos han preguntado si los bebés realmente juegan… Para comenzar a responder esta pregunta, podemos decir que el juego es una actividad libre, que está presente durante el desarrollo infantil, que convoca a l@s niñ@s, les gusta, les divierte, les da seguridad, los ayuda a conocer y vincularse con otros y con el mundo.


Pero ¿cuándo comienzan l@s niñ@s a jugar?

Pasadas algunas semanas, incluso días del momento en el que nacen, los bebés comienzan a jugar y, con el correr de los meses, su juego se vuelve cada vez más complejo. Los primeros momentos de juego de un bebé pueden parecer muy aburridos a los ojos de los adultos, quienes muchas veces, nos sentimos obligados a entretenerlos o incluso a estimular sus movimientos.


La realidad es que los bebés están jugando cuando miran a su alrededor, escuchan, sienten y huelen el aire, cuando tienen la libertad para alcanzar, agarrar, girar sus cuerpos, y pensar. Los bebés conocen el mundo a través de sus sentidos, sus experiencias les permiten crear estructuras mentales complejas y aprenden a través de la experimentación.


En estas primeras actividades se inician cuestiones ligadas a la afectividad y el pensamiento: cuando los bebés se chupan los puños logran una unión con ellos mismos, luego reemplazan sus propios puños por algún objeto blando. Así van construyendo la diferencia entre el mundo interno y el mundo externo, entre ellos y el adulto, pasando de la dependencia total al inicio de la autonomía.


Esas experiencias también acompañan la formación de la fantasía en la medida que el bebé al chupar sus manos evoca el momento de la succión en la alimentación, de la satisfacción de sus necesidades primarias y del vínculo con un adulto. Luego, al elegir un objeto externo, un juguete, va transitando esa separación del cuerpo del adulto y ganando autonomía. Este objeto elegido, será una prolongación de su familia, de los lugares que le brindan seguridad, un signo saludable y de transición; Más adelante, irá perdiendo interés en el objeto y gradualmente se agrandará su repertorio lúdico.


Pero no pensemos simplemente en objetos concretos o juguetes comerciales, cuando nos referimos a objeto, en este caso, queremos hablar también de melodías, de juegos, de la relación que los bebés logran construir con un elemento externo al cuerpo del adulto. Aquí nos detendremos un momento para hablar del apego y de la importancia del rol que cumplimos los adultos en este caso.



En pocas palabras, podemos distinguir tres tipos de apego: el apego escaso, el apego seguro y el apego exagerado. Como suele decirse, los extremos no son buenos, en este caso podemos afirmar que el apego escaso y el apego exagerado generan niñ@s inseguros, uno por poco, ausencia de la mirada de un adulto que acompañe, que escuche y decodifique las necesidades del bebé; y otro por mucho, por exceso de acción por parte del adulto, sin lugar a pequeños gestos de autonomía por parte del bebé.


El apego seguro es entonces el que queremos alcanzar, el que le permite a l@s niñ@s los procesos creadores, la construcción de relaciones con los objetos de la cultura, el juego y la independencia. Así los bebés podrán desarrollar la capacidad para estar solos, con la figura de un adulto que lo acompaña internamente, un adulto presente, pero no avasallante, que brinda seguridad y confianza.


Quizás se pregunten ¿cómo se logra un apego seguro?, escuchando al bebé, intentando decodificar sus necesidades, observándolo, hablándole, preguntándole, dándole significado a sus acciones, jugando y también corriéndonos de la escena, dejándolo hacer, favoreciendo momentos de juego autónomo, de movimiento libre y de exploración.

Con la seguridad de que un bebé también es un sujeto potente, y que si respetamos sus momentos de juego íntimos e importantes sin interrumpir, sentaremos las bases que permitirán que esos momentos de juego sean cada vez más y más ricos a lo largo de la infancia.


Nuestra función es brindarles un ambiente seguro, un espacio con materiales y juguetes simples, desestructurados, pensados para ellos, que les aporten placer sensorial. Un sector de juego, aunque sea pequeño, en el que puedan moverse libremente, al principio, recostados sobre su espalda y después explorando nuevos movimientos a su antojo.


¿Cuándo fue la primera vez que se dieron cuenta que el bebé estaba jugando?¿Qué hicieron entonces? ¿Qué harían ahora? ¿Cómo encuentran ustedes su propio equilibrio en el apego?


Sabemos que no hay un único modo de ser padres o madres, de cumplir el rol de cuidador/a de un bebé y no existe quien pueda hacerlo a la perfección. Interesarnos como adultos en el juego de l@s niñ@s, en su desarrollo, observar y escuchar, son el mejor punto de partida para encontrar ese equilibrio en la crianza que queremos lograr.


Nosotros creemos que es importante acompañar esa crianza, no dando recetas infalibles, sino colaborando con las familias ofreciéndoles lo que sabemos hacer, dándoles ideas, materiales, juegos, estrategias y la confianza de que junt@s, podemos acompañar a l@s niñ@s de la mejor manera, potenciando su desarrollo y acompañando@s a crecer.


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